
Ariadna
Los ojos en los ojos, Teseo besa las manos de Ariadna. Están unidos por el secreto de un amor y una traición: lejos de la sospecha de su padre, la joven ha entregado a su amado un ovillo de hilo. Y, orientándose con él, el Laberinto ha perdido su secreto para el héroe. En brazos de Ariadna, Teseo revive los momentos de lucha contra el Minotauro: los caminos del Laberinto eran oscuros y tortuosos. El caminaba recorriendo corredores vacíos, donde la sorpresa podía surgir a cada momento. En sus manos llevaba ekl ovillo, que iba desenrollando poco a poco, para deshacer lo andado o reconocer el camino de retorno a la salida. En un rincón oscuro, más negro que la noche, una sombra amenazadora se movió. [...]El Minotauro, herido por el puñal de Teseo, se retorcía de dolor. Miró el ancho espacio y encontró las estrellas, mudos testigos de su derrota. Olvidado en el suelo estaba el ovillo. con gesto cansado y lento Teseo lo recogió y lo puso a caminar siguiendo el trazo del hilo. Pronto encontró la claridad de las antorchas y pudo finalmente descansar en los tiernos brazos de Ariadna. [...]Prometió casamiento a la doncella y la indujo a partir con él, pero al llegar a Naxos, mudó de parecer y allí mientras estaba dormida, la abandonó. Al despertar de su sueño, en vano buscó Ariadna al amado entre las rocas y a lo largo de las playas. Sólo el eco respondía a sus llamados. Por fin, Ariadna rompió a llorar desesperadamente. Afrodita que desde el Olimpo vio su desconsuelo, se compadeció del infortunio de la princesa y partió para Naxos. Enjugó sus lágrimas tiernamente y le prometió un esposo inmortal. ya sabía la bella diosa que Dionisio se dirigía hacia esas playas, y estaba dispuesta a que se enamorara de Ariadna. En efecto, tan pronto como el dios desembarcó en su isla predilecta, vio a Ariadna y se enamoro de ella. Entre las primeras palabras que dijo, expresó el deseo de desposarla. Y la joven consintió, feliz al ver cumplida la promesa de Afrodita. Como regalo de bodas recibió de su divino marido una corona de oro incrustada de piedras preciosas, tan envidiable por su belleza como por su valor. Sin embargo, el matrimonio con un dios no le concedió la inmortalidad. Y un día Ariadna, envejecida y cansada partió para el reino de las sombras. Entonces Dionisio, inconsolable, tomo su corona de oro y la arrojó hacía el cielo. A medida que la joya ganaba altura, las piedras se tornaban más y más brillantes, hasta que se trasformaron en estrellas. Fijada para siempre en lo alto del firmamento bajo la forma de una centelleante constelación, la corona de Ariadna testimoniaría para siempre, ante mortales e inmortales, el inmenso amor de Dionisio hacia la hermosa princesa cretense.
""Para los griegos Ariadna es el alma que, en el momento justo, cuando Teseo está más desesperado, le entrega una respuesta y una salida, una llave, una solución. Eso que vibra, eso que vive, eso que nos proporciona las soluciones en el momento justo, eso es Ariadna, el Alma, la salvadora que aparece oportunamente y nos da la solución para resolver nuestro problema.""
Ariadna
Abandonada estoy, abandonada
por el amante al que ofrecí mi vida;
en mi sueño partió, sin despedida,
llevándose mi ensueño a la alborada.
Vino hacia mí con alma desolada
en laberinto de dolor perdida,
y halló con mi asistencia la salida,
tras matar a su monstruo con mi espada.
En todos hay un Minotauro fiero
que en el dédalo interno nos oprime
y que exige la audacia de un Teseo.
Pero no habrá victoria del guerrero
sin la Ariadna que besa y que redime,
…y que será olvidada tras su empleo.
Francisco Alvarez Hidalgo

2 comentarios:
Espero no encontrar a un Teseo...
Ey Karluchi está buenísimo lo que armaste. De a poco vas a sacar algunos trucos, después es una papa. Un beso grande. Teby.
http://leetealgo.blogspot.com
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